En consecuencia, tenemos que entender que enterarse de las opiniones de un especialista que pública en Wordpress no va a apoyar las funciones académicas, como tampoco una buena presentación de Slideshare y ya no digamos las reflexiones que muchos académicos ya hacen en Facebook, ni las noticias en tiempo real de Twitter. Todo eso, según los administradores de la red de la UASLP, no apoya ni mejora.
¿Qué opinan otras universidades? Bueno, para muestra este es el twitter de la Universidad de Harvard. Mientras que en otros países se potencia el uso de este tipo de herramientas, en México privan políticas que para fines prácticos son una forma de censura. Censura, primero, porque se priva de la posibilidad de accesar a contenidos bajo el presupuesto de que estos no son adecuados. Pero esta decisión esta fundada en un prejuicio que además es inflexible ya que la prohibición se ejerce de manera electrónica, así que, sin importar cual es el contenido, el solo hecho de tener entre sus atributos la dirección facebook.com o twitter.com, lo convierten en algo que no mejor ni apoya a la calidad académica.
La censura en este caso es aun más perversa, porque además evita que los universitarios participen de la producción de contenidos en estas plataformas. No sólo se restringe su derecho a mantenerse informados, sino también a expresarse. La cosa es tan grave, que incluso varios reglamentos de facultades establecen que no se puede usar software portable considerado pirata (!) por lo que el usuario tampoco tienen derecho a elegir una plataforma de programas. Y para poner los pelos de punta de Stallman, lo cual ya es una proeza, los Lineamientos de la Coordinación de Ciencias Sociales y Humanidades claramente equiparan al software libre, como GNU/Linux, OpenOffice, Firefox, Chrome, y otros más, con el pirata. Al calce, "Queda estrictamente prohibido: [...] Instalar software «pirata» o libre (freeware o shareware)".
Esto último, además de poner en evidencia la tremenda ignorancia de quien escribió dicho lineamiento, señala con claridad el compromiso de la universidad no con la producción de conocimiento, sino con el consumo de los productos de software de una compañía con base en Redmont, EEUU.
En resumen, el usuario no tienen derecho a recibir información de sus pares, ni tiene derecho a elegir una plataforma de software, que además se criminaliza, y tampoco puede convertirse en productor de contenidos. El equivalente pre-internet es una universidad que le prohibiera a sus miembros a leer los comentarios que hacen otros universitarios sobre cualquier cuestión, que además declare un crimen las pláticas de pasillos y que imponga el silencio en los claustros.
¿Exagero? Puede ser, pero que unos pocos decidan por una mayoría que es adecuado que vean y que no, creo que se llama, aquí y en China... ah! claro en China... en China se llama dictadura del proletariado, en Iran República Islamica, aquí... los censores ahora llevan el prefijo Universidad
"Los censores ahora llevan el prefijo Universidad", qué fuerte. Las universidades deberían ser espacios de libertad y de creación; qué triste que prefieran ser espacios de control.
ResponderEliminarSin embargo, las universidades son estructuras fijas, nada flexibles, que no admiten cambios...
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con esta crítica, un tanto exagerada y amarillista, pero aún así estoy de acuerdo con ella. Creo que lo que sigue es utilizar los mecanismos ya existentes para presentar una propuesta con base en la ampliación de estos argumentos, en la que a partir de buscar y presentar pruebas empíricas, comparaciones con otras universidades y exponer lo obsoleto de los reglamentos, se proponga un cambio a los reglamentos y a las políticas aquí expuestas, acompañado esto por firmas de académicos, estudiantes y usuarios de estos servicios. Seguirá esperar la respuesta de la Universidad y si la Universidad no responde con iguales argumentos, el paso que sigue es la protesta. Un post es muy bonito, pero la acción concreta es necesaria tras la crítica.
ResponderEliminarUmm, no se si sea amarillista decir que una universidad simplemente es incapaz de entender una herramienta y mejor prohibirla por lo mismo. Claro que hay que hacer muchas cosas, pero se tiene que empezar por señalar las cosas. Ni si quiera se trata de llamar a la protesta, sino de entender porque una institución que debería ser la primera en estimular nuevas formas de comunicar es tan refractaria al cambio. Comparto lo que dice Tony, las universidades son estructuras que ni admiten muchos cambios. Pero voy más allá, las universidades muchas veces han estado muy lejos de nuestro ideal.
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